sábado, 26 de junio de 2021

 La Perra, novela escrita por Pilar Quintana.


Me enamore de Damaris desde el primer párrafo que la vi. Una mujer tallada por la indiferencia de la naturaleza y la violencia de un contexto social que le toco vivir. Como el pez en el agua nunca se dio cuenta de la presencia misma del liquido que la rodeaba. Lo llevo así, como el cielo que ves o la tierra que pisas cuando vives. Su conexión con el mundo moderno son las telenovelas y un teléfono celular que la mayoría de las veces esta sin saldo para hacer llamadas. Desde el lavadero en la casa que cuida contempla el mar azul quieto y azul, conociendo ya su monstruosa capacidad de tragarse la gente y escupirla semanas después descarnados y malolientes. No tuvo madre y no pudo ser madre. Una mujer reducida por la negación de una obsesión que la dominaba. Lo intento todo, unirse a un hombre proveedor; también una familia que sin tacto ni prudencia le recordaba siempre su imposibilidad de dar a luz. Adopto una perra, que termino siendo el vehículo para desarrollar una historia breve y triste.

Su expectativa se confunde con un mundo fantasioso, la maternidad como ideal de ser mujer. La perra resulto ser la anti tesis de sus aspiraciones. Allí germina la otra Damaris, la que estaba dormida. Observar que Chirli, repudió sus cachorros derrumbo sus fantasías, y rompió su proyección sobre un animal, otra vuelta de tuerca. 

Todo esto en medio de un paisaje de porno miseria, un pueblo en ruinas, una trasfondo de tragedias con sabor agrio siempre. Novela sin duda genial por la crudeza de las escenas. Un par de lugares comunes macondianos, pero que la reconocen como heredera de una prosa calurosa y tropical.

domingo, 17 de noviembre de 2019

La cuarta espada, Santiago Roncagliolo


Suponer que no me gusta leer y tener la certeza de terminar uno de los libros de Santiago Roncagliolo me devuelve la confianza en mis posibilidades como opinador. Pienso que pretender escribir un libro definitivo que cuente la historia del conflicto Peruano en tiempos de Sendero Luminoso es tarea abrumadora, sino imposible. Me llama la atención la humilde posición del periodista que asume la crónica siempre dejando las conclusiones a los lectores. Sostener la estructura sin decorados altisonantes y cumplir con las descripciones del horror a rajatabla es un plus de este libro. El autor reconoce la deficiencia de fuentes directas, sin embargo las costuras de la narración no se dejan ver gracias a un estilo magro y poco condescendiente tanto con los Senderistas como con las fuerzas del Estado. Abimael Guzmán se debe dar por bien servido, así mismo las fuentes oficiales: lograron, cada uno, nuevamente ocultar su vergonzosa verdad.

Editorial Debate, 288 Paginas, Edición 2007. España.

lunes, 21 de mayo de 2018

Rebelion en la granja, de George Orwell

En mis andanzas algún día me encontré frente a la casa de un escritor de quien había escuchado muchas referencias pero del cual no había leído una sola línea. Aquella mañana me dirigía  a Portobello Market en Londres, no buscando este lugar pero si la librería donde se grabaron las imágenes de la película Notting Hill, con la hermosa Julia Roberts. Pasaba por la acera del frente, había turistas de muchas partes del mundo, un largo corredor donde escuchabas varios idiomas, distintos acentos, y variedad de espectáculos, desde un solitario violinista hasta imitadores de Freddy Mercury.

Y allí estaba como testigo fiel, la silenciosa casa, cubierta tímidamente por arbustos, no mas de seis metros de frente, ignorada por todos los transeúntes, el hogar de quien fuera uno de los escritores que a mas de setenta años de su muerte sigue señalando al mundo su cobardía. Cómo entender una obra como Rebelión en la Granja? Una estela de acero la recubre del paso de los años, y sigue tan vigente como en su momento. Tal vez porque Orwell fue capaz de encontrar un virus que se resiste, muta, renace y se transforma desde cualquier ángulo: las trampas de la democracia, el absolutismo y la sinrazón de cualquier régimen.

domingo, 18 de septiembre de 2016

San Antonio Bendito...



La primera noche en San Antonio fue calurosa, bañada en sudor y puestos mis ojos en el techo a seis metros. Hubo ruido de motos desde la carrera cuarta, quienes iban hacia el aguacatal ya cogida la noche. Pude descansar ya vencido por la vigilia cerca la madrugada mientras arreciaba un aguacero que me recordaba la infancia. Las laminillas de zinc no cedían ante el martilleo del vendaval, octubre llegaría en 13 días.

Dos horas antes de acostarme había hecho una nueva atadura, una nueva casa. Arrastre la maleta por el zaguán, luego las levante y mientras lo hacia era difícil alejar la sensación de dejavu en Londres desde Heatrow hasta Ealing Broadway... así mismo desde la esquina del MSG hasta Penn Station y así ya varias recorridos. Me pateo la sensación de un nuevo comienzo. Comprendí lo que podría llamarse una resignación alegre, los ojos contenidos, también la sonrisa.